¿Lloras o vendes pañuelos?



Cuando mejora el tiempo, apetece salir. El pasado domingo, mientras mis hijos patinaban en el parque, me encontré con un antiguo compañero del colegio.

Hacía bastante tiempo que no lo veía. Tras comentar varios recuerdos y hablar algunas cuestiones personales, le puse al día de la actividad profesional que desarrollaba y le devolví la pregunta maldita: ¿Y a tí como te va? Digo lo de maldita, porque generalmente suele ir seguida de quejas y lamentaciones. Pero mi amigo sonrió.

Con agrado me contestó que seguía regentando el antiguo supermercado de barrio que abrió su padre en la década de los 60 y que el negocio le marchaba francamente bien.
Alabé el mérito de haber sobrevivido a la proliferación de las grandes superficies y cadenas de supermercados, así como los establecimientos orientales y los de descuento duro.
Mi amigo volvió a sonreir y me dijo que su padre le había enseñado una frase: "Mientras los demás lloran, nosotros vendemos los kleenex".

¡Buena filosofía!

Para vender esos pañuelos habían establecido un horario comercial más agresivo en festivos. Tenían secciones de productos frescos y se habían unido a grupos de compra para lograr precios más competitivos.

Al día siguiente, coincidencias de la vida o de la inteligencia artificial, Facebook me recomendaba que siguiera la página del establecimiento. No lo dudé. 
En su portal: Quesos viejos zamoranos se anunciaban a buenos precios. Miel comprada en origen servían también de reclamo cuando se acercaba el tiempo de las torrijas junto al bacalao de cuaresma, y así, un sinfín de ofertas con fotos atractivas. 


200.000 visitas




Queridos lectores y amigos:

Esta semana "La venta desde las trincheras" ha superado las 200.000 visitas. Jamás pensé que estos números pudieran alcanzarse en un blog humilde, escaso de recursos y sin excesivas pretensiones más allá de las de compartir.

En primer lugar tengo que pedir disculpas. En la bitácora se ha descendido el ritmo de publicaciones, entrando en una dinámica de irregularidad. No obstante, los buscadores parecen que son generosos con La venta desde las trincheras y el número de amigos que nos visitan va incrementándose, dejando en muchas ocasiones comentarios que enriquecen los contenidos. ¡Muchas gracias!

200.000 son muchas entradas, pero no deja de ser un número. Al principio debo reconocer que me abrumaban los datos y los seguía con atención. Con el transcurso del tiempo me di cuenta que los números no son más que tales. Que es más importante la calidad a la cantidad, al igual que la dirección prima sobre la velocidad. Y aquí es donde mis GRACIAS van con mayúsculas, pues este medio me ha permitido descubrir a personas maravillosas. 

No puedo comprometerme a una continuidad de contenidos, pues no me gusta ser repetitivo con la temática y en casi 300 post, se han tocado muchos temas. Mi compromiso es el de darle continuidad, pero solamente cuando realmente crea tener algo que pueda aportar. 

Durante la vigencia de La venta desde las trincheras, he tenido la oportunidad de aprender en todas las esferas de la vida. Es por ello que le tengo mucho cariño a este medio, que me acompañó en los momentos más necesarios. Y más aún a todos vosotros, sin los cuales nunca habría tenido sentido ninguno de los artículos. 

Ya no me apasiona llegar a las 300.000, ni al medio millón o al millón. Me apasiona continuar... Seguir avanzando y compartiendo con todos. 

200.000 Gracias.


Empaque y honestidad


Hace unos días, compré en el supermercado un paquete familiar de patatas fritas. En su embalaje, además de destacar su carácter de producto premium con un sello de "Garantía de calidad", se hacían hueco un dibujo de sus ingredientes: patatas, una aceitera y sal. Todo ello rodeado de ramas de olivo con aceitunas. No hacía falta ser ningún lince para imaginar que las patatas estaban fritas en aceite de oliva. Sin embargo, al dorso y a pesar de continuar la decoración de olivas, en el listado de ingredientes venía la cruda realidad de las patatas fritas: patatas, sal y aceite de girasol.

En otra experiencia de compra reciente, adquirí una pasta de dientes específica. El dentífrico, que tiene bastantes propiedad beneficiosas para las encías tiene un sabor y textura bastante desagradable. En el tubo, viene un pequeño gráfico del sabor: "apreciación del sabor", donde reconoce que al principio su sabor es desagradable, pero que en un proceso gradual, te puedes llegar a acostumbrar en unos 15 días. Está claro que el gráfico representa una prueba de fe, pero que constituye una muestra de honestidad de la que carece el primer ejemplo.

El engaño al consumidor es castigado. La honestidad recompensada.

El trabajo comercial se basa en esos mismos principios: Empaque y honestidad. Es honesto dulcificar una realidad, de hecho es una habilidad comercial, pero nunca jamás dar pie a la confusión o la mentira. En ambos ejemplos vemos claramente el límite.

Y me viene a la mente una viñeta del gran e ingenioso dibujante argentino Quino, donde una amiga le dice a la protagonista Mafalda: "La honestidad es un regalo muy caro, no lo esperes de gente barata..." 




Valor añadido



En varios artículos anteriores he referido la necesidad de aportar valor añadido. Es un término muy utilizado hoy en día, pero no por ello más necesario que nunca. 

El cliente se ha convertido en el nuevo jefe de muchos establecimientos. Aún cuestionando la frase: "el cliente siempre tiene la razón", mimarlo y ofrecerle valor añadido es una distinción necesaria en períodos donde el consumo es más racional.

En numerosas ocasiones es más valorado el detalle que su valor en sí.

A modo de ejemplo, acudo de vez en cuando a una farmacia. En todas sus bolsas (de papel reciclable) donde meten los medicamentos, van incluidos dos caramelos sin azúcar y de alta calidad. Es un ejemplo simbólico de intentar fidelizar al cliente y ofrecerle "el caramelo" para su retorno.

Ejemplos contrarios se observan también en nuestro mercado, demostrando la simpleza, mediocridad o falta de evolución de algunos comerciantes. Sin ir más lejos, no hace mucho, acudí a una tienda panadería - tienda de conveniencia. Precisaba entre otras cosas jamón york. Me vendieron un sobre al vacío de poco peso. Ya en casa, al fijarme en el producto, me llamó la atención las advertencias del fabricante: "Producto promocional. Prohibida su venta". Este caso extremo pone sobre la mesa el caso inverso: Fabricante pone a su disposición un material promocional. Comerciante decide venderlo en vez de usarlo para su fin: fidelización, prueba, venta cruzada... Le pone precio al valor añadido... y prefiere hacerlo caja inmediata.

Esto me recuerda un cliente que no quería material promocional para sus clientes, porque prefería venderlo (a pesar que el material promocional no era el fin de su negocio, sino un producto complementario al mismo). Triste y corta mira empresarial.

Los vendedores deben ser embajadores de este concepto, aplicando el valor añadido multidireccionalmente: Aportándolo a su empresa en su desempeño y a los clientes. Y haciéndole ver a éstos últimos la necesidad de la puesta en práctica en sus negocios.

El "caramelo" vale su precio en oro y permite su inversión en el activo más potente: el cliente.

Equipo de alto rendimiento: 14 claves



Hay tantos folios escritos sobre los equipos de trabajo... pero nunca serán suficiente. Vivimos en sociedad y trabajamos en equipos. Desde la época primitiva, nuestros antepasados sabían que la caza era más efectiva y menos peligrosa cuando era organizada en grupos.
El equipo sigue y seguirá siendo un pilar clave... pero ¿Qué distingue a un equipo de alto rendimiento de otro sumido en la mediocridad?

Un equipo de alto rendimiento dispone de un ADN propio que lo distingue del resto y lo convierte en una máquina engrasada para el éxito:

1. El concepto de la solidaridad es diferente: No hay un afán de cubrir al compañero que lo hace mal, existe una vocación de enseñarlo e impregnarlo de las "praxis" de éxito.
2. No es envidioso porque han alcanzado un nivel de compresión suficiente como para asimilar que el éxito del vecino se convierte en beneficio propio. Realiza sanos ejercicios de autocrítica.
3. Desarrolla objetivos a corto y medio plazo de una manera desmenuzada, conociendo y ordenando los pasos para el logro final. Ello implica una importante dosis de organización táctica en el día a día.
4. Exige liderazgos de nivel estratégico y que permitan "dejar hacer". La dirección debe confiar en la ejecución, pues no suelen estar alineados con sistemas de trabajo estandarizados y cerrados. Las direcciones autoritarias son incompatibles en estos equipos.
5. Son creativos y preguntones. No dudarán a la hora de plantear alternativas para el logro de los resultados.
6. Asumen retos de manera positiva y entusiasta. Es por ello que los objetivos imposibles o absurdos (el Excell todo lo aguanta) los desgasta enormemente.
7. Son capaces de improvisar ante cambios de circunstancias (gracias a su carácter creativo).
8. Tienen una alta predisposición al cambio, siendo en ocasiones precursores del mismo: abiertos a pruebas pilotos y experimentos.
9. No aceptan a los miembros tóxicos o roba energías, que no tienen cabida en el colectivo, consciente que constituyen una merma y lastre importante.
10. No son chivatos, pero si capaces de transmitir informaciones valiosas a su cadena de mando. Precisan igualmente información para trabajar con la menor incertidumbre posible.
11. Canalizan la presión del trabajo de una manera correcta y saben donde tienen que invertir los recursos para desbloquear situaciones.
12. Saben disfrutar fuera de su ámbito laboral, no llevándose a casa problemas del trabajo. Entienden que un buen compañero no tiene porque ser buen amigo personal... aunque estas circunstancias también pueden darse.
13. Poseen o buscan el don de la polivalencia, pudiendo modificar roles, aunque existan especialidades. Son curiosos en los procesos que no conocen aunque no les afecte directamente. Aceptan las diferencias dentro del propio equipo o empresa.
14. El optimismo es una de sus máximas (aunque analizan la derrota, sin que ésta les hunda). Saben que la unión en la diferencia no es una debilidad, sino una fortaleza. Pertenecer a estos equipos es altamente gratificante.